| XVIII Domingo del Tiempo Ordinario |
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¿QUÉ ES LO ESENCIAL?
“Dijo Jesús: Guardaos de toda clase de codicia, pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Y les propuso una parábola”. San Lucas, cap. 12
Alguien decía que los pobres nos abrirán las puertas del cielo si con nuestra generosa solidaridad nos hemos ganado su amistad. Pero otro apuntaba: Los pobres son la mejor alcancía que nosotros tenemos para ahorrar la felicidad futura en la casa del padre. Estas dos ideas sencillas pueden servirnos de introducción. La sentencia del Predicador es clara: “¿Qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?” Muchos de nosotros a lo mejor gastamos mucho tiempo y empeño en el trabajo, mucho afán en las tareas diarias... y ¿para qué? ¿Dónde está lo realmente importante? Si a lo mejor por ganar más pierdes a tu hijo, a tu mujer, a tu familia... Si porque siempre estás ocupado pierdes tus relaciones interpersonales, a tus amigos y los más cercanos... Si porque no tienes tiempo para compartir pierdes la proximidad de los que te quieren... Si porque tus ocupaciones te impiden lo que es más importante, puedes acabar olvidando, la oración; olvidando, incluso que Dios es tu Padre. La vida es demasiado efímera como para descuidar lo importante. Sólo lo importante, da sentido a tanto trabajo, a tanto afán, a las múltiples responsabilidades que todos tenemos que cumplir. Resulta clara la recomendación de San Pablo en su carta a los colosenses cuando vivimos preocupados por tener bienes de la tierra y nos propone una mayor altura de miras: los cristianos hemos de situar en la cima de nuestros valores los bienes espirituales donde está Cristo. Solamente teniendo a Cristo en el centro de nuestras vidas vamos a saber diferenciar entre lo relativo y lo absoluto. Solamente tendiendo a Cristo en el centro vamos a tomar posición frente a los bienes materiales, vamos a desapegarnos y a tener un espíritu de verdadera libertad y sobre todo vamos ser conscientes de que la vida, aunque uno ande sobrado no depende de los bienes materiales, ya que nada puede ser más valioso que la vida misma; ningún bien pasajero puede ser comparable al bien de la vida eterna. Es más, para el cristiano, el amor, el seguimiento de Jesús, la fraternidad con todos, el perdón de las ofensas, la entrega de la propia vida, la búsqueda de la voluntad de Dios... y tantos otros valores que el Señor nos enseñó, deben primar frente a los afanes de la vida. Nadie niega que los bienes de la tierra sean necesarios, pero a los bines no les debemos dar el corazón. Dice la Escritura: “Hay personas que trabajan con arte, habilidad y éxito, pero después tienen que dejarlo todo a alguien que no pasó ningún trabajo para conseguirlo”, por eso trataremos al máximo de desapegarnos de cosas, de bienes materiales, personas y también frente a muchas ideas que nos van llenando de caprichos. Es posible que con nuestros bienes enseñen en las escuelas de los barrios más alejados, se capaciten los jóvenes que no puedan ir a la universidad, se lleven medicinas a los remotos caseríos, o a los hogares de beneficencia, que se levanten casas dignas para las familias que viven debajo de los puentes o en los tugurios de la ciudad, que jueguen en los parques con los niños que no sabían reír, que estos niños puedan ir al comedor escolar y a la escuela, es posible levantar templos en los sitios difíciles y que se ayude a los marginados a sentirse personas. “Al fin una pulmonía mató a don Rafael y están las campanas doblando todo el día por él”. Ojala que sus hijos y familiares cuando lo conduzcan al cementerio no andén divididos y peleados por la herencia que dejo, sino que los bienes terrenos heredados estén marcados con la etiqueta del amor. |
Comentarios
Padre me parece muy especial y ajustada su reflexión profunda del santo evangelio.
Muchas gracias.
Adriana.
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