| XVII Domingo del Tiempo Ordinario |
|
Dios es mi Padre “Cuando oren digan: Padre, santificado sea tu nombre…” San Lucas 11
¿Por qué será que cuando decimos “Dios es mi Padre” muchas personas no experimentan ni ternura, ni agradecimiento, ni alegría, ni terror y ni mucho menos venganza? Para hablar con Dios en la oración cristiana hace falta, sin dudad, humildad. Pero hace falta también audacia. El mismo Abraham lo expresa al interceder por la ciudad pecadora: “En verdad es atrevimiento el mío hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza” Este anciano se atreve a dirigirse a Dios; pero a la a vez tiene la humildad de reconocer que tal acto es un atrevimiento. La oración se define como un encuentro con Dios, el mismo salmo lo explica: “Tu rostro busco Señor, no me escondas tu rostro”, y todo porque orar es buscar. Pero orar es también encontrar. No sólo porque “todo el que busca encuentra” sino porque “no me buscarías si no me hubieras ya encontrado”. Con razón el filosofo Pascal clasifica las personas en tres categorías: unas que sirven a Dios porque lo han encontrado, otras que andan buscándolo porque no lo han encontrado y otras que sirven sin buscarlo y sin encontrarlo, y de las primeros afirma que son razonables y dichosas, de las segundas que son razonables y desgraciadas, y las terceras son desgraciadas y locas. La oración es un encuentro con Dios que puede ser sensible o insensible, profundo o superficial. Una plegaria que puede ser de petición, de acción de gracias. Un momento sagrado de meditación, de contemplación o de alabanza, lo que nos enseña hoy la Palabra de Dios es que debemos salir a la búsqueda de Dios que ha de ser encontrado en la intimidad de la oración. Por eso cabe rezar un Padre Nuestro entero para pedir a Dios el pan de cada día y no más. Estaremos obligados a rezarlo mañana porque para cada día necesitamos el pan. Cabe rezar otro Padre Nuestro pidiendo el cumplimiento de la Voluntad divina y viendo en el pan el suministro de fuerza para seguir cumpliendo su voluntad. Tratemos con confianza a Dios, que es nuestro Padre, en la oración de cada día. Que no pasemos un día sin pensar en Dios. Tan solo pensando en que es un Padre bueno, estaremos en un ambiente de oración. Dios es alguien a quien se habla, alguien que vive en todo lo que nos rodea, aquel que fundamenta todo amor en este mundo, es la totalidad que me envuelve. ¿Acaso no sería mejor, que cuando decimos “Dios es mi Padre” nuestro interior se conmueva y nos llenemos de una alegría rebosante? Al orar, no solo pienso en Dios, sino que pienso que Él está pensando en mí, no sólo creo en Dios, sino que creo que Él cree en mí. Mantengo su Nombre como mi única fortuna y mantengo ante Él mi nombre como mi única identidad, puesto que mi vida tiene sentido cuando puedo decir: “Dios es mi Padre”.
Pbro. Alexander Pareja Botero Contactar Director Pastoral Infantil Arquidiócesis de Medellín |
Comentarios
DOY GRACIAS A DIOS POR TENER LA OPORTUNIDAD DE PODER LEER LAS REFLEXIONES DE CADA 8 DIAS Y ESO ES MUY IMPORTANTE YA QUE ATRAVEZ DE ELLAS HE PODIDO VER LAS COSAS CON MAS PROFUNDIDAD.
ESPERO PODER SEGUIR TENIENDO ESTAS REFLEXIONES Y DE NUEVO MIL GRACIAS POR TENER EL TIEMPO DE ENVIARMELAS.
DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARIA TE PROTEJA
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.